Fue una alegría grande llevar a mis padres a ver la película del momento, Avatar. Para mi mamá es una experiencia que hace 30 años al menos no había vivido. Nuevas butacas, nuevo sistema audiovisual que por completo la dejaron pasmada, alterada pero no obstante muy contenta. Para mi papá fue algo bonito que le dejó el sabor de buscar este placer sin esperar invitación ya que prometió para la próxima salir con mi madre sin más que el deseo de ver otra película.
Creo que la próxima vez será salida en familia pero al circo. No soy fanático para nada por el abuso animal pero comprendo que mis necesidades espirituales no se imponen en los otros a riesgo que parezca yo incoherente y que a veces incluso, exceden a las necesidades de los demás.
Fue chévere compartir con dos tías más que acudieron a la invitación general que hice a toda mi familia extendida.
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