jueves, 15 de julio de 2010

Mis clases

Oh, mis estudiantes. Qué dicha me son. Si no es porque a través de mis clases los pueda torturar sistemáticamente en el aprendizaje del idioma japonés, qué aburrida sería mi vida.

Ellos son mi alegría. Quiero muchos estudiantes. Muchos. De una manera u otra el legado Arquelino por ahí se va difundiendo (o ¿difuminando?).

No hay comentarios:

Publicar un comentario